Un objetivo esencial de toda empresa es comunicarse con el
exterior: posicionarse, ganar en visibilidad y darse a conocer al cliente
resultan factores imprescindibles para alcanzar el éxito. Sin embargo, resulta
igual de importante comunicarse también hacia el interior: los empleados
también deben ser objetivos para las marcas.
Diseñar una política de comunicación corporativa interna es ineludible
para cualquier firma comercial. Saber qué necesitan los empleados y cómo
satisfacerles es responsabilidad directa de la empresa. El personal es “un
embajador de marca”, se ha convertido en un activo y actúa de nexo con el
público transmitiendo los valores de la misma, asunto de vigencia indudable hoy
en día, sobre todo a raíz del impacto generado por las redes sociales. Es el
fenómeno conocido como Employer Branding. Conocer su puesto y finalidad,
resulta clave para los empleados en el buen desempeño de su trabajo, pero no lo
es todo: la motivación o el respeto hacia su desempeño laboral también es
esencial. Algunas firmas han convertido
estas políticas en el eje de su estrategia comercial, a través de tácticas
basadas en lo emotivo, en el lado humano.
Hablamos por tanto de unos beneficios corporativos
intangibles, no sólo de índole económica. La reputación de una empresa
repercute directamente sobre sus resultados; una comunicación interna errónea,
dispersa y confunde a los consumidores. Fomentar una buena imagen de marca
resulta entonces obligatorio, convierte a la empresa en un lugar atractivo, lo
que resulta beneficioso para todas las partes.
Todo esto, que parece tan obvio, no lo es tanto en el ámbito
de los negocios: según un estudio de Saratoga Institute, el 88% de trabajadores
abandonan las empresas por razones que nada tienen que ver con el salario,
mientras que el 89% de empleadores está firmemente convencido de que es
así. La brecha entre la realidad de unos
y otros sólo puede provocar consecuencias negativas: son notorios los casos que
abundan en la Web de empleados denunciando sus condiciones laborales, lo que
termina repercutiendo negativamente sobre la imagen de la empresa.
Los empleadores deberían por tanto, ser más conscientes de
lo que los trabajadores demandan. Sin su satisfacción, la consecución del éxito
parece un objetivo difícilmente alcanzable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.